Angelito volvió a brillar. Como siempre que viste la Celeste y Blanca. Esta vez desplegó un juego contundente para acabar con las ilusiones del equipo de Ramón Díaz. A través de su gambeta, su velocidad, su precisión, su insistencia. En fin, a través de su fútbol, Di María fue arrasador y delineó la goleada argentina. Tres participaciones seguidas que sellaron el pase a la final en Chile 2015:
La primera cayó en el amanecer del segundo tiempo, y determinó un 3-1 para la Selección que trajo calma a todo el país. ¿Cómo fue esa aparición goleadora? Tras gran jugada de Pastore, que le entregó el balón, tres dedos, en profundidad al Fideo para que él lo pusiera de primera en el segundo palo de un desconcertado Justo Villar. Todo en los primeros segundos del complemento.
Seis minutos más tarde, nuevamente con su carta romperredes, el 7 acompañó a Messi en su carrera hasta el borde del área... pero aquí debemos detenernos para rememorar esa acción del capitán: Leo robó una pelota cerca de la mitad de cancha para dejar atrás a Cáceres y luego enfrentar a Aguilar y a Da Silva, duelo que provocó, caño mediante, un choque entre ambos centrales. Y retomamos con el pase final del 10 para Pastore, que no pudo superar la humanidad de Villar y, por tanto, la pelota quedó cerca de los pies del Ángel, que rompió el arco para decretar el 4-1.
La última intervención de Di María en los gritos albicelestes tuvo como socio a Sergio Agüero. Ocurrió que un flaco muy veloz se calzó el estandarte de los extremos para llegar en carrera, frecuente en el Fideo, a territorio rival por el sector izquierdo y, acto seguido, recibir la redonda para pasarla como con un guante a la cabeza del Kun, que definió el 5-1.
Esas acciones transformaron a Angelito en una de las figuras de la noche en Concepción. Y la historia contará que un 30 de junio de 2015 el 7 de Argentina metió dos goles y brindó una asistencia en la victoria por 6 a 1 de su Seleccionado sobre su par guaraní, en semifinales. Pero eso no es todo, porque esa página de la Copa América aclarará, también, que semejante participación lo hace acompañar a Rivaldo (misma marca en la final de Paraguay 1999, cuando Brasil goleó 3-0 a Uruguay) en el pedestal de los socios del gol. Sin dudas, se trata de un Fideo legendario.