Nació hace 61 años en Chabás, Santa Fe. El Cabezón, tal su apodo, se erigió como un puntal de la defensa de Ferrocarril Oeste, siendo parte de una etapa histórica del club y celebrando dos títulos: los Nacionales de 1982 y 1984. Supo pasar por Independiente Rivadavia y se retiró como futbolista en Huracán, club en el que consiguió el ascenso a Primera División.
Y fue en el Globo donde hizo despegar su carrera como entrenador, que lo tuvo, hacia fines de la década del 90 y los comienzos del 2000, como uno de los mejores ranqueados de Europa. Pues bien, en los albores de este 2017, Héctor Cúper lo hizo de nuevo. Al frente del seleccionado de Egipto, orientó a sus futbolistas hasta la final de la Copa Africana de Naciones, en la cual cayó ante Camerún, logrando así el subcampeonato.
No es la primera selección que dirige: supo ponerse al frente del elenco de Georgia. Pero fue luego del salto en Huracán (subcampeón Clausura 94) y Lanús (alzó la Conmebol 96) cuando Cúper llegó a Europa y se transformó en el técnico de moda. En Mallorca, su equipo recibió el rótulo de La Cuperativa, por el estilo que le imprimió y el reparto equitativo de esfuerzos detrás de los objetivos. Allí, el conjunto de la isla alcanzó las finales de la Copa del Rey y de la Recopa de Europa y celebró la Supercopa Española. Más tarde, el mote de Cuperativa se mudó a Valencia. Y allí se mantuvo en la vanguardia, llevando al combinado che dos veces a la definición de la Champions. Y también ganó la Supercopa Española (1999).
Inter (fue subcampeón en 2003), Betis, Parma, Aris Salónica (llegó a la final de la Copa de Grecia 2010), Racing de Santander, Orduspor de Turquía y Al Wasl fueron las otras instituciones que lo tuvieron como entrenador. Se trata del Cabezón Cúper, que recicló la Cuperativa, pero con patente egipcia.