El Mundial de Inglaterra 1966 dejó una de las heridas más profundas y recordadas en la historia de la Selección Argentina. No solo por la eliminación en cuartos de final, sino por la sensación colectiva de injusticia que unió al país entero detrás del equipo.
Argentina había realizado un torneo sólido y competitivo. Tras superar la fase de grupos, el seleccionado llegó al cruce frente a Inglaterra, anfitrión del Mundial, en un clima cargado de tensión dentro y fuera de la cancha.
El partido disputado en Wembley quedó marcado por una de las decisiones arbitrales más polémicas de la historia mundialista argentina: la expulsión del capitán Antonio Ubaldo Rattín. Sin comprender el idioma del árbitro alemán Rudolf Kreitlein y sin explicaciones claras, el mediocampista dejó el campo entre gestos de incredulidad y bronca.
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Con un jugador menos, Argentina terminó cayendo 1-0 ante el conjunto inglés, que luego sería campeón del mundo. Pero lejos de debilitar al equipo, aquella derrota fortaleció el sentido de pertenencia y orgullo alrededor de la Selección.
La imagen de Rattín sentado sobre la alfombra roja de Wembley se transformó con el tiempo en un símbolo de rebeldía y personalidad frente a la adversidad. Para millones de argentinos, ese partido representó mucho más que una eliminación: fue una demostración de carácter en el escenario más importante del fútbol.
Inglaterra 1966 dejó una marca imborrable. Una derrota dolorosa que, con los años, terminó alimentando todavía más la pasión argentina por los Mundiales.
